El Parque Nacional Huascarán es un verdadero refugio para variedad de especies de nuestra fauna, muchas de ellas en peligro de extinción. Hace décadas, por estos bosques y cerros proliferaban los pumas, gatos monteses, zorros, venados, la vizcacha y, a saber, en las partes más altas y menos accesibles del monte sobrevivían los osos de anteojos. Además siempre albergó, cual un santuario serrano, un centenar de especies de aves, entre las que destacan la variedad de pintorescos colibríes o picaflores, cóndores, patos silvestres y zorzales.
Hoy, por la acción de hombre y en nombre de la modernidad se han vulnerado los espacios ecológicos de estas especies con la apertura de vías de acceso y con el fenómeno de la expansión urbana. Además con la intromisión de las empresas mineras ha deteriorado seriamente el hábitat de esta reserva natural. Mucha de estas especies ya no existen en nuestra zona.
Asimismo, los recursos forestales se ha visto severamente disminuidos por la tala indiscriminada, entre las especies de árboles más afectados nos interesan los quenuales y los capulíes.
Asimismo, los recursos forestales se ha visto severamente disminuidos por la tala indiscriminada, entre las especies de árboles más afectados nos interesan los quenuales y los capulíes.
Es una lástima que, en nombre de la tradición carnavalesca, año a año se sigan talando y depredando los últimos capulíes que quedan aún en pie.
Me contaba un taxista, proveniente posiblemente del campo, por un dato que un técnico agrónomo le dio, que hace 30 años en el Callejón de Huaylas existían más de 50 mil árboles de capulí; hoy esa cantidad se ha reducido a cerca de 2 mil árboles.
Es urgente tomar medidas para contrarrestar este afán de la vecindad costumbrista, turbada por el inconciente colectivo, de exterminar este noble arbusto de frutos generosos, de gran poder alimenticio y medicinal, que además es refugio de un ave ligado a nuestra cultura ancestral, el zorzalito negro.
Me contaba un taxista, proveniente posiblemente del campo, por un dato que un técnico agrónomo le dio, que hace 30 años en el Callejón de Huaylas existían más de 50 mil árboles de capulí; hoy esa cantidad se ha reducido a cerca de 2 mil árboles.
Es urgente tomar medidas para contrarrestar este afán de la vecindad costumbrista, turbada por el inconciente colectivo, de exterminar este noble arbusto de frutos generosos, de gran poder alimenticio y medicinal, que además es refugio de un ave ligado a nuestra cultura ancestral, el zorzalito negro.
¿Qué podemos hacer para que no se talen más árboles de capulí en estas fiestas de carnaval huaracino?
Wenceslao Villón
ADMINISTRADOR DEL BLOG

